Campaña «Un ciudadano, una chincheta»

jueves 2 de julio de 2009

Zelaya, Chávez y la democracia de ida y vuelta


Considero absolutamente condenables los métodos antidemocráticos empleados para usurpar la Presidencia del Gobierno de Honduras a Manuel Zelaya. Creo que hasta ahí la comunidad internacional de forma abrumadora está de acuerdo. Ahora bien, igualmente me parece un poco precipitada y poco ajustada a la realidad la respuesta de esa misma comunidad internacional ante el nombramiento de un nuevo Gobierno en Honduras. Me explico.

De entrada, aunque estoy convencido de que la legislación hondureña puede iniciar un proceso de destitución presidencial sin necesidad de que medien las armas, parece evidente que Zelaya estaba, como se dice popularmente, jugando con fuego. La convocatoria de una consulta popular, al más puro estilo chavista, para prolongar su mandato no contaba con el respaldo constitucional necesario. Sin embargo, contraviniendo el rechazo de los demás poderes del estado de derecho, el depuesto gobernante se empeñó en poner en marcha un proceso electoral absolutamente ilegal al que luego, desbancado y en suelo costarricense, denominó “encuesta”.

Si nos retrotraemos un poco más en el tiempo, vemos que esta “encuesta” ha sido el desencadenante de una continuada actuación política poco acorde con esa democracia que ahora pretende abanderar Zelaya y sus compinches bolivarianos. Recordemos que Manuel Zelaya es elegido para gobernar su país como candidato del Partido Liberal de Honduras (PLH). Hasta donde me alcanza el entendimiento, lo de “liberal” casa bastante mal con el socialismo hacia el que giró repentinamente este personaje. Para que lo entiendan mejor les diré que el PLH se afilia a la Internacional Liberal, a la cual pertenece Convergencia Democrática de Cataluña, por ejemplo.

Esto nos lleva a certificar el profundo rechazo popular que Manuel Zelaya venía cosechando, principalmente entre sus votantes los cuales, a todas luces, se sentían engañados. La misma aversión que parece sentir un importante número de hondureños hacia una posible vuelta del desbancado líder.

En este sentido, no estaría de más que, como advierto al principio de estas líneas, la comunidad internacional se tome un poco más en serio este asunto y consulte a los innumerables diplomáticos destacados en Honduras, cuál es la realidad del apoyo popular hacia el nuevo Gobierno instaurado tras el golpe. Porque pudiera ser que un regreso fallido de Zelaya, resultase mucho más peligroso que esta transición que va a vivir Honduras a lo largo de los próximos meses. Recordemos que, a día de hoy, no se ha producido ni una sola baja humana por causa de este incidente, de acuerdo con lo que nos vienen reportando puntualmente las agencias internacionales que operan en el país.

No podemos decir lo mismo del episodio que hace menos de un mes se vivió en Irán. Parece ser que aquí la comunidad internacional, salvando las diferencias, ha preferido guardar silencio ante la sangrienta represión contra los civiles que se han manifestado contra el pucherazo electoral. El cual, por cierto, el propio régimen iraní ha reconocido pero ha menospreciado, para gran regocijo de los que ahora, en el caso de Honduras, se rasgan las vestiduras y pretenden dar lecciones de democracia.

Con este panorama, se me antoja que esto de la “democracia” es un término que empieza a estar al vaivén de los intereses del momento. Sobre todo para aquellos políticos de comprobado pasado golpista y contrastada vocación dictatorial, a cuyo rebufo no ha dudado en situarse Manuel Zelaya, desafortunadamente para el pueblo hondureño que es el que está pagando las consecuencias.

2 comentarios:

manulissen dijo...

Un apunte oportuno, Pakithor. Tengo dudas sobre cómo valorar el asunto, así que aprovecho.

Creo que el exilio forzado a punta de fusil y la reducción de libertades que se ha producido hoy mismo hacen dificil defender la "higiene democrática" de la expulsión. Por otra parte, me parece inaceptable justificarlo porque la "reacción popular sea mínima". Si hubo en el origen y en la forma de este asunto un atisbo de democracia, se lo han cargado los mismos políticos con sus neurosis.

Por otra parte, no considero que sea algo que podamos celebrar los demócratas que un mal presidente, manipulado por intereses extranjeros, haga un uso partidario del poder hasta el extremo de forzar a los demás poderes del estado a "confabularse" para destituirle. Y creo que ha sido así - y no un golpe de estado - porque es extraño que no se hayan oido voces discordantes ni en su propio partido, que la prensa internacional tenga acceso al país y que no se hayan denunciado desapariciones de personajes públicos.

Tampoco es para fiesta que el pueblo haya elegido a semejante personaje, ni que el pueblo no exija una convocatoria inmediata de elecciones ni, por supuesto, que la democracia en Honduras esté ahora en entredicho y sometida a una presión internacional que está explotando el victimismo y la sonada militar para pasar por alto el fondo de la cuestión, que es la cantidad de mierda que se ha acumulado debajo de las moquetas en nombre de la democracia.

Otro asunto, que también merece la pena estudiar, es el comportamiento de los medios. Es tan homogéneo el tratamiento de la cuestión que resulta difícil zafarse del "análisis oficial". Todos los grandes mandatarios coinciden en condenar los hechos: ¿Es un ejercicio de corporativismo, o sincera solidaridad democrática?

No sé, no sé. Es un tema complicado, pero merece la pena tratarlo.

Un saludo y gracias por la iniciativa.

manulissen dijo...

Un enlace de prensa para el debate.

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