Campaña «Un ciudadano, una chincheta»

lunes 23 de febrero de 2009

Ha llegado el momento de reaccionar


Mucho ha llovido en la piel de toro desde mi último artículo en el que denunciaba el estado de descomposición en que se encuentra la vida pública española. Desafortunadamente esa lluvia ha sido para embarrar aún más, si cabe, el lodazal en que se desenvuelven los poderes de un Estado en declive. Poderes que hoy nadie acierta a ver dónde tienen los límites.

Ya sólo nos faltaba ver la esperpéntica utilización del Judicial por parte del Ejecutivo con el único objetivo de eliminar al enemigo político. Para colmo con tintes entre lo folclórico y lo preconstitucional. Sin mayores consecuencias, como de costumbre, salvo la dimisión de un ministro más por las apariencias que por las realidades.

Mucho he reflexionado sobre mis propias palabras y sobre las que amablemente vertieron los que leyeron aquellas líneas. Estamos asqueados, hartos, desilusionados y tremendamente preocupados. Sin embargo, ¿qué estamos haciendo?. Sí, ¿qué estamos haciendo nosotros, la sociedad civil, los ciudadanos de a pie que vemos como un país entero se sume en la más absoluta de las podredumbres sociales, políticas y morales?. Nada. Absolutamente nada.

Bueno sí, nos quejamos y nos peleamos entre nosotros. Tapamos las vergüenzas de nuestro bando y multiplicamos las del bando contrario, convirtiéndonos así, no ya en víctimas, sino en simples hooligans de este gran partido de fútbol que es la política.

Nos conformamos con acudir a las urnas cada cuatro años para otorgar un poder ilimitado a un partido político. Algunos, los menos, salen de vez en cuando a protestar a la calle, no sabemos muy bien si como sustitutivo del partido del domingo o como verdadera protesta ciudadana. Salen detrás de pancartas en manifestaciones lideradas por famosotes de medio pelo y políticos corruptos. “Yo estuve allí”, podrán decir a sus nietos. Aunque a lo mejor no dicen nada porque todos lo que agarraban la pancarta estarán ahora entre rejas –lo dudo mucho- o habrán renegado de los que hoy son sus “principios inquebrantables”.

La mía, la de la mayoría de los que se acercan a leer esto, es la generación más preparada de la Historia de España. Algunos hemos superado ya la década en las lides profesionales, empresariales o académicas. Nos incorporamos al mercado laboral en plena crisis y estamos alcanzando la madurez profesional cuando las nubes no pueden ser más oscuras.

No podemos continuar quejándonos. Comprobando como se nos ha relegado al mero acto del ejercicio del voto. Viendo cómo el dinero de nuestros impuestos se dilapida en los despachos oficiales de ayuntamientos, diputaciones, comunidades autónomas y ministerios, sin el menor rigor ni control.

No podemos seguir lamentándonos por los desmanes que se cometen en nombre del progreso, de la libertad o de una democracia viciada. Porque la realidad es que se están cometiendo por mero sectarismo y con el único objetivo de alcanzar o perpetuarse en el poder.

Ha llegado la hora de reaccionar, estimado lector. Se acabaron los llantos y las culpas. Estamos dilapidando, no sólo el capital económico y democrático alcanzado por España durante décadas duras y complejas, sino nuestro propio futuro como ciudadanos de un país herido.

Ha llegado la hora de actuar, queridos amigos. Empecemos a pensar qué podemos hacer por nuestro país para levantarlo de este estado de postración. Aquí está el primer voluntario.

jueves 19 de febrero de 2009

La pasión según San Juan de Juan Sebastian Bach

Escuchando las declaraciones hechas recientemente del derrotado padre de Marta del Castillo Casanueva, una adolescente de 17 años muerta a manos de "sus amigos", una adolescente como muchas hay en España, me ha hecho reflexionar a fondo sobre la Justicia en este santo país. Llevamos décadas pidiendo la cadena perpetua para psicópatas asesinos como el que le arrebató la vida a esta adolescente. Recuerdo, si bien no me falla la memoria, que las primeras manifestaciones multitudinarias pidiendo la cadena perpetua para los asesinos fue tras el horrible asesinato de las niñas de Alcásser, precedida del asesinato de Anabel Segura. Años más tarde les tocó a Rocío Waninkoff, a Sonia Carabantes, Sandra Palo, y recientemente, la conciencia de los españoles ha sido salpicada por el secuestro de Yeremi Bargas y el asesinato de Mari Luz Cortés. Es un no parar, y siguen muriendo inocentes a manos de ratas asquerosas que no merecen pertenecer a una sociedad cívica como la Española. Ahora le ha tocado a Marta del Castillo y sus padres no van a parar hasta que nos concienciemos y salgamos a la calle para pedir cadena perpetua para los asesinos como De Juana Chaos, que si bien, nuestro ordenamiento jurídico en temas penales, está pensado para reinsertar en la sociedad a los maleantes, la sociedad, cada vez más podrida, pretende ponerse a salvo de gentuza que no tiene ni el más mínimo sentimiento ni respeto hacia la vida de los demás, los demás que cada día pasan por su lado, comparten autobús, tren de cercanías, comparten vida en el trabajo, en el restaurante, en las vías urbanas, en las carreteras, en el aeropuerto, en el supermercado y en tanto sitios como personas hay.

El ministro de Justicia dice que es lógico y humano que ahora se debata el tema de la cadena perpetua pero aboga por esperar a que el tiempo enfríe los ánimos. Como todos los políticos, y habiendo comprobado que vive en una esfera superior, lejana a los problemas de los ciudadanos, defiende el sentido de la reinserción de los presos, de los comunes y los no comunes, en la sociedad. Algo, a lo que los ciudadanos de a pie no estamos dispuestos, ni los padres de Marta, ni los de Mari Luz, ni de los que vayan a desaparecer en tiempos venideros. Venía a decir el padre de Marta esta tarde, que van a pedir la cadena perpetua aunque los políticos no quieren porque hay que reformar la Constitución, y lo van a pedir porque si catalanes y vascos quieren reformarla y el gobierno también por el tema sucesorio de la Corona, si lo pide el pueblo, tendrán que atender esas peticiones".

La cuestión en sí, como todo, es el interés partidista. El partido que gobierna no se atreve a impulsar la reforma de la Constitución porque el procedimiento, en este caso y para la cadena perpetua, consiste en la disolución de las Cortes por el Rey y la convocatoria de elecciones generales para elegir las nuevas Cortes que llevarán a cabo el texto de la reforma de la Carta Magna. Si, hipotéticamente, perdiera el partido en el poder las elecciones, no se permitirían un fallo tan grave como perder el trabajo "Digno" que tan bien les viene. Sería tan sencillo como impulsar la reforma en marzo de 2012, que es cuando de verdad hay que convocar las elecciones. El por qué no lo hacen, sólo lo saben ellos, los políticos que viven en esa esfera superior en donde los problemas sociales se ven desde arriba. Y mientras la gente sale a la calle a pedir justicia, escuchan de fondo "La pasión según San Juan de Bach".


jueves 5 de febrero de 2009

Más allá de los números


No piense el amable lector que voy a volver a retomar la senda de la economía para reafirmar lo mal que está la situación crematística en el mundo y, especialmente, en España. Lo que hoy pretendo es llamar la atención acerca de la crisis real que padece la sociedad, particularmente la española.

¿Alguien piensa a estas alturas del partido que a nuestros políticos, gobiernen o no, les importan realmente las consecuencias que para los ciudadanos tiene el maremoto económico que vive España?. Yo sinceramente creo que no. Lo que a ellos les importa de verdad son las encuestas. Que haya tres millones y medio de parados: ¡qué más da si el CIS nos otorga tres puntos de ventaja frente al rival!. Que hay cientos de miles de familias que no pueden pagar la hipoteca: ¡a mi qué me importa si mi adversario político se está hundiendo en el barro de las luchas internas!.

Puede que esto resulte demasiado evidente o muy extremista, pero no es lo peor, sea cual sea la postura del que lea estas líneas. Lo peor de todo es que a muchos de los ciudadanos de a pie en España, al igual que a los políticos, sólo les importan las encuestas. La confrontación política permanente, jaleada desde los medios de comunicación sin excepción, nos han llevado a este estado de crisis absoluta del sistema democrático a favor del radicalismo partidista.

El que esté libre de pecado que tire la primera piedra. Los de un bando –militantes, simpatizantes y votantes- negando la crisis económica hasta hace tres meses –algunos continúan en la negación-, cuando la situación era insostenible. Incluso ahora son incapaces de admitir que la misma tiene su causalidad en la propia España y cargan contra los EE UU como únicos responsables. Además faltan tres años para la próxima convocatoria electoral, ¡qué más da, ya mejorarán las cifras!.

Los del otro lado, ¡ay, el otro lado!, seamos honestos, ¿acaso no llevamos meses alegrándonos en nuestro fuero interno cada vez que se conocía un nuevo dato negativo sobre crecimiento, inflación y empleo?. ¿No es evidente que en las filas –militantes, simpatizantes y votantes- del PP hacen la ola cada vez que se anuncia el dato del desempleo?.

Hablan de “emergencia nacional”, de “arrimar el hombro”, de “aportar soluciones”, pero en realidad lo que están diciendo es “el culpable es el Gobierno, que lo solucionen o que se vayan”, los unos; o “ellos no quieren que esto se arregle”, los del otro lado. Sólo los fanáticos, que somos casi todos, aplauden estas arengas. Lo que importa es la contienda, la pelea, la bronca, el titular del noticiero, del diario, de la tertulia radiofónica. Que el país se hunda es una característica del terreno, que dijera Sun Tzu.

Los líderes políticos se aferran a su cuota de poder y se engrandecen rodeados de sus fieles, casi todos alimentados por la sopa boba del Estado o por el fragor futbolístico mediático. ¿Cómo pueden seguir alabando a Obama y su discurso de unidad nacional los que sólo apelan a la derrota del enemigo político o, lo que es peor, a su eliminación?. ¿Con qué autoridad moral pueden estos políticos nuestros pedirnos que miremos el futuro con cierta esperanza?.

Esa es la crisis de verdad, estimado lector. La crisis que salió del cascarón hace cerca de cinco años, en las vísperas de los comicios generales. No por el ascenso al poder del PSOE, sino por el deterioro de la vida pública que, aunque estaba larvado en nuestra sociedad, salió a flote para emponzoñarnos a todos. Es la crisis moral de todo un país que antepone los votos a los muertos, la ventaja en las encuestas a los desempleados y la cuota de pantalla a la dignidad humana.

Las cifras no cuadran

A este gobierno comienza a no cuadrarle los números.

Declaran el aumento de 198.838 nuevos parados el pasado mes de enero.

Declaran la bajada de 349.569 cotizantes en la Seguridad Social en ese mismo mes.

El INE, en la página 19 del informe mesual de empleo, declaran un total de 4.456.007, tal y como se puede ver en su informe.

A la vista de estos números la tan temida cifra de 4.000.000 de parados esta ampliamente rebasada.

¿Ahora qué?

martes 3 de febrero de 2009

LOS HECHOS DESACREDITAN EL ALARMISMO DEL CALENTAMIENTO GLOBAL


Últimos días de Octubre de 2008. Un meteorólogo del Instituto Nacional de Meteorología comenta en un programa de radio sus temores de que el invierno que está por llegar será el más seco en muchos años.


No puedo decir en cuantos canales de radio y televisión apareció este pronóstico, pero lo que puedo asegurarles es que el comentario general, tres meses después, es que más le hubiera valido a este meteorólogo ser un poco más prudente y recordar cuántos años llevamos oyendo que el próximo verano será el más caluroso de la década y que acabaron los inviernos nublados y lluviosos.


Soy de los que cree que el clima está cambiando. De hecho, hay evidencias que apuntan a que el clima sufre un cambio continuo, aunque a veces casi imperceptible, desde hace muchos siglos. La historia lo demuestra. Como simple ejemplo, podemos tomar el capítulo en el que Aníbal cruzó los Alpes con su ejército y sus elefantes. Sí. Sus elefantes; que soportaron el viaje por los pasos montañosos en altura, porque hacía varios años que solo nevaba en las cumbres más altas.


Recuerdo perfectamente los inviernos que viví, cuando niño, en Zaragoza, allá por los setenta. Eran demoledoramente fríos. Rara vez nevaba, pero la temperatura en el mediodía rara vez superaba los dos o tres grados. Añádanle a eso el fuerte y helado viento del noroeste, que sopla 9 de cada diez días sobre el valle del Ebro, y comprenderán que la sensación térmica de 8 o 10 grados bajo cero era de lo más habitual.


Durante los 80, los inviernos parecieron ser más suaves. Hubo sequía durante años y la lluvia era más bien escasa en toda España.. Los agoreros catastrofistas aseguraban que aquello era una situación irreversible, y tachaban a quienes no quisieran creerlos como vendidos a las multinacionales y al capital.


Estoy viviendo otra vez en Zaragoza desde 1997. Recuerdo solamente dos inviernos menos fríos de lo normal, además de aquel terrible verano de 2003, que comenzó con altísimas temperaturas a mitad de mayo, y los últimos días de Octubre aún pasábamos por 30 o 32 grados al mediodía.


Desde aquél tórrido verano, a partir del cual también aseguraron que, en los años sucesivos, el calor excesivo sería la pauta habitual, cada temporada veraniega en la mitad norte de España ha sido absolutamente normal. Los datos demuestran (los datos, insisto. No las ideologías ni las estrategias de marketing) que las temperaturas medias en España, excepto durante aquella ola de calor de 2003 que iba a suponer el principio del fin, se mantienen en la media habitual. Los catastrofistas – unos cuantos de ellos a sueldo de ciertas causas – hablan hasta la extenuación del deshielo de la Antárdida, pero omiten intencionadamente que se ha incrementado la superficie helada del círculo polar ártico.


Concretamente, este invierno, en el área donde vivo, ha tenido escasos días de sol, muchas nevadas, temperaturas muy bajas y abundante lluvia. Como el otoño anterior.


Me considero un firme defensor del ecologismo racional, del reciclaje y de la necesidad de que la educación de nuestros hijos pase por algo más que el auto bombo de ciertos ayuntamientos por instalar contenedores específicos que, como es el caso del municipio donde vivo, se vacían cada varios meses, cuando están rodeados de mas basura de la que contienen en su interior. Lo que me carga bastante es el otro ecologismo. Y sé bien de lo que hablo. Otro ejemplo:


En una conversación con un militante de un partido que lleva por bandera el ecologismo radical rancio y desfasado, ese que subsistió cómodamente en occidente hasta hace veinte años y que desapareció al poco tiempo que la Unión Soviética, me confesó que la oposición que estaba haciendo contra un proyecto de instalación de aerogeneradores en un terreno elevado y absolutamente yermo, que aseguraría suministro eléctrico a una serie de pequeños pueblos, era meramente política. Que el argumento de que las aspas de los molinos entorpecerían el paso de ciertas aves era absurdo y que el informe presentado por Medio Ambiente, que aseguraba que dichas aves nunca habían pasado por aquella meseta en sus viajes migratorios era cierto, pero que la estrategia de partido recomendaba oponerse a toda costa, porque el argumento de la defensa de los animales era popular y atraía votos descontentos de la misma tendencia ideológica.


Yo no soy un experto en medio ambiente. Cualquier iniciativa sincera y leal para proteger a la naturaleza tendrá siempre mi modesto apoyo. Pero este cuento del cambio climático no me parece que sea como unos cuantos me lo están contando. De hecho, que el principal defensor de todo este montaje sea el propietario de unas cuantas empresas contaminantes, Al Gore, ya me rechina bastante. Y el precio desorbitado que cobra por sus conferencias, también.


Les dejo un enlace a un elaborado informe, con datos, que pone en duda el catastrofismo interesado que muchos sectores industriales y políticos dirigen a las masas para vender sus nuevos productos ecológicos y sus nuevos planteamientos ideológicos. Está en inglés, pero los datos y estadísticas se comprenden muy bien, sin necesidad de dominar el idioma.


Los hechos que desacreditan el alarmismo del calentamiento global.